El matrimonio, que es la base de la institución familiar, está formado por la alianza «por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole». Sólo una unión así puede ser reconocida y confirmada como «matrimonio» en la sociedad. En cambio, no lo pueden ser las otras uniones interpersonales que no responden a las condiciones recordadas antes, a pesar de que hoy día se difunden, precisamente sobre este punto, corrientes bastante peligrosas para el futuro de la familia y de la misma sociedad.
¡Ninguna sociedad humana puede correr el riesgo del permisivismo en cuestiones de fondo relacionadas con la esencia del matrimonio y de la familia! Semejante permisivismo moral llega a perjudicar las auténticas exigencias de paz y de comunión entre los hombres. La familia, como comunidad de amor y de vida, es una realidad social sólidamente arraigada, pero en los últimos años destrozada por la ideología del marxismo marcusiano, que manipula a la sociedad y especialmente a las minorías descontentas, para crear una sociedad sin familia, sin Dios, sin moral: no hay bueno o malo, no hay hombre o mujer; hay una expropiación del lenguaje, que significa una nueva cultura marxista y por lo tanto no cristiana.
El loby LGTB, desea imponerse como una fuerza imperativa y arrolladora en las instituciones y cultura occidental, barriendo otras opiniones e ideologías basadas en la naturaleza de las personas y la verdadera naturaleza humana, pues no reconoce la verdad de las cosas: la verdad es lo que yo quiero que sea, y me importa un comino lo que sea, pues no hay verdad ni falsedad. Y no me importa nada lo que diga la ciencia. Es el marxismo marcusiano el principio del pensar y hacer. Es la nueva religión.
El loby LGTB, desea imponerse como una fuerza imperativa y arrolladora en las instituciones y cultura occidental, barriendo otras opiniones e ideologías basadas en la naturaleza de las personas y la verdadera naturaleza humana, pues no reconoce la verdad de las cosas: la verdad es lo que yo quiero que sea, y me importa un comino lo que sea, pues no hay verdad ni falsedad. Y no me importa nada lo que diga la ciencia. Es el marxismo marcusiano el principio del pensar y hacer. Es la nueva religión.
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